En los países democráticos está prohibido, legalmente, no sólo hacer apología del nazismo, sino también negar la existencia de los campos de concentración. En nuestra bendita democracia tutelada. Sólo en Chile es pensable que un coronel-alcalde – guardaespaldas de Augusto Pinochet, auspicie un homenaje a uno de los jefes más sanguinarios y temidos de la DINA, condenado a más de ciento cuarenta años de presidio – en cualquier país civilizado y democrático este funcionario sería, inmediatamente exonerado y, posiblemente, juzgado por apología al terrorismo de estado.

El nazismo a la chilena cuenta con un buen número de difusores, entre ellos el columnista Gonzalo Rojas, el abogado Carlos Portales y una lista de ex militares y antiguos miembros de la DINA y de la ex CNI, así como algunos empresarios hipócritas, que se apropiaron de las empresas del Estado, gracias a Augusto Pinochet, alias “Daniel López”. El homenaje al Krassnoff destapó la falsedad de la supuesta reconciliación que tanto “cacarearon” los tenores conservadores de la Concertación.

Hoy pervive el nazismo, los torturadores y quienes los defienden no tienen ningún deseo de pedir perdón, y los familiares de las víctimas son ofendidos, permanentemente por el Estado, que permite que sea homenajeado un hombre condenado por crímenes atroces.

Genéticamente, Krassnoff es heredero del odio hacia los comunistas, los judíos y, por extensión, a los socialdemócratas. La dictadura de Pinochet hizo posible que Miguel Krassnoff ejercitara, demoníacamente el odio, heredado de sus antepasados. Ahora, en Chile, se trataba de aniquilar al MIR y de asesinar a mi padre, Miguel Enríquez. A diferencia de las numerosas víctimas de la sevicia y maldad de este teniente, mi progenitor murió, heroicamente, combatiendo a las fuerzas policiales del régimen.

Si tuviera un presidente republicano, lo mínimo que se le pudiera pedir sería una declaración rotunda, clara y con publicidad, respecto al peregrino homenaje a un asesino, condenado y rematado por crímenes de lesa humanidad – una declaración por internet es, francamente, mezquina y demuestra poca decisión respecto de la condena pública del nazismo a la chilena.

Los organizadores del acto sostienen que el entonces candidato, Sebastián Piñera, había prometido acortar las penas a los militares condenados por crímenes de lesa humanidad. Es innegable que, salvo excepciones honrosas, un importante sector del actual gobierno sigue considerando a la dictadura como salvadora del marxismo y no están por reconocer la catadura criminal e inmoral que lo caracterizó.

Como lo sostuve en enero de 2010, sigo considerando que existe un abismo que me separa de aquellos sectores de los que rodean a Piñera que apoyaron al dictador y que siguen negando la existencia evidente de crímenes de lesa humanidad, cuyo arquetipo es la vida y la acción represora de Miguel Krassnoff.

Hay que reconocer que el nazismo a la chilena, aunque minoritario, aún continúa vivo, por consiguiente, se hace imprescindible promover un cambio cultural que ponga en el centro una cultura de derechos humanos, un cambio formativo radical en nuestras Fuerzas Armadas y una proscripción legal a la apología del terrorismo de Estado, tal como existe en las democracias desarrolladas y que presentamos hace unos cuantos años junto a otros parlamentarios.

Foto: Villa Grimaldi

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