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El pánico de la centroizquierda

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Marco Enríquez-Ominami
En su «Teoría General», Keynes nos dice que cuando no sepamos qué hacer, sigamos al resto, porque cuando nuestro propio juicio carece de valor, al menos nos podría conformar el juicio del resto de la gente. Esto es lo que la economía define como especulación y lo que la teoría de las catástrofes define como pánico.

 

El fin de semana recién pasado quedó demostrado que la izquierda está en pánico y que, al mismo tiempo, está actuando desde la especulación, y no desde el valor. Frente a la experiencia de Ricardo Lagos y su visión de país, el comité general del PS prefirió ocultar la mano -porque sabemos que el que tira la primera piedra es el más culpable- y votar secretamente para elegir las inexistentes propuestas de Guillier.

En la centroizquierda estamos confundiendo simpatía con empatía. La primera es fundamental en la televisión, pero improcedente en la política. La empatía, en cambio, es el corazón de la política, porque la política se trata de la preocupación por el otro, fundamentalmente por el otro más débil.

En la centroizquierda estamos confundiendo hacer política con tener opinión. En el periodismo es fundamental tener opinión, de todo y de todos. La política, en cambio, es el trabajo de tomar decisiones -desde la empatía-. Tomar decisiones para y con otros. Y es también trabajo de la política pagar el costo de las decisiones tomadas. Habrá gente contenta y otros se pondrán tristes. Algunos entenderán estos costos y otros se sentirán decepcionados. Pero de eso se trata. Porque en política nadie es medallista de oro.

Pero la centroizquierda se está rindiendo al pánico. Teniendo las puertas totalmente abiertas, se siente como en un edificio que se incendia con los escapes bloqueados. Y ciega a sus programas de país; prefiere intentar salir especulando. Que es lo mismo que tirarse de cabeza por la ventana porque Juanito también lo hizo. Vamos a apoyar a este candidato porque -más o menos- está mejor que este otro. Porque según el 15% de esa encuesta, es un «líder que está más en sintonía con los tiempos, con la gente».

Porque, claro, la centroizquierda también renunció a la gente. Y en vez de militar y votar, prefieren, simplemente, encuestar. Peor aún, prefieren flojamente confiar en encuestas mal hechas. Las críticas a las encuestas son diarias no solo en Chile, sino a nivel internacional. Algunos espetan que muestran tendencias o generan información semanal. Pero mientras las metodologías sean deficitarias, los resultados lo serán, como lo hemos visto en las encuestadoras tanto de EE.UU. como de Argentina, Perú y Francia, entre otros. Y aun siendo semanal, una encuesta mal hecha tan solo arrojará estadísticas semanales falsas. Pero en el pánico, como dice Keynes, quienes no confían en su propio juicio y valores optarán por confiar en lo que hace el resto.

Simpatía en vez de empatía, opinión en vez de visión en política, encuestas en vez de gente, es confundir inexperiencia con valor y convicción. Es, en definitiva, tratar de hacer política sin pagar sus costos. Porque la política tiene costos, pero también grandes satisfacciones.

En estos casi 20 años he aprendido a acercarme al corazón de la gente, a reír con sus alegrías, pero también a llorar con sus penas y frustraciones. He conocido grandes traiciones, pero también las más fuertes lealtades. He aprendido a ganar elecciones, pero también a perderlas. He aprendido que soñar es algo que uno hace con la almohada. Pero que la política se trata de forjar acuerdos, y la energía que toma el lograr esos acuerdos.

Por eso esta columna es un gesto de respeto a Ricardo Lagos. Un hombre que enfrentó al dictador y a la muerte con un dedo. Que forjó el mejor país que pudo. Que, sin duda, es mejor que el que él supo gobernar. Que gobernó para moros y cristianos, con socialistas y empresarios.

Quiero ser claro. Si bien lo respeto, creo firmemente que su alternativa no logró abordar de manera adecuada los problemas que hoy enfrenta Chile. Tal como valoro su ánimo propositivo, considero que la gente debió haber tenido la oportunidad de expresarse frente a estas propuestas luego de haber sido discutidas.

Lagos quiso mostrarnos que el camino es la política, que ese es un camino largo y que hay trampa en los atajos. Sin embargo, se retiró antes del pitazo inicial de este partido que recién comienza, únicamente porque el socialismo se convirtió en un especulador de encuestas. Curiosa coincidencia: la misma especulación que adora Piñera en la bolsa se produjo ahora con las encuestas y del otro lado de la cancha.

Fuente: Emol