VIVIR EN EL EXILIO

A los cinco meses de edad, fui expulsado de Chile por un decreto militar junto a toda mi familia, situación que se mantuvo por más de una década. Mientras conseguía un lugar fijo para vivir en Paris, mi madre obtuvo un trabajo en una productora audiovisual encargada de elaborar programas educativos infantiles para televisión. Yo, por mi parte, comencé a aprender francés como mi primera lengua en la guardería estatal a la que acudía, a la par del castellano que escuchaba todo el tiempo en mi casa.

Pese a la austeridad de mi hogar, siempre fue un lugar muy digno. Mi madre hacía malabares para combinar sus largas jornadas laborales, típicas del mundo del cine y la televisión, con mi cuidado. Manuela se mantenía siempre en contacto con lo que sucedía en Chile y la comunidad creciente de exiliados en Francia. Fue una lucha permanente, llena del sin sabor de vivir lejos de tus seres queridos y limitaciones económicas, pero marcada por un entorno fraterno. Mi familia me hablaba todo el tiempo de Chile, me decían que era hermoso, a pesar de la dictadura.

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