Marco Enríquez-Ominami
Argentina y Chile pueden y deben más. Somos naciones hermanas, naciones vecinas, cuyo principal desafío debiese ser la profundización de nuestra integración. No existe pretexto para no invertir política, cultural y económicamente en este vínculo fundamental, tanto para nuestros países como para el desarrollo del Cono Sur.

Con una población cercana a los 48 millones de habitantes y un PIB per cápita (en PPA) de aproximadamente 22.500 USD, cifra cercana al PIB per cápita de Chile, de 23.400 USD, Argentina es geográficamente, pero también cultural, económica y socialmente, uno de los vecinos estratégicos de nuestro país. A modo de ejemplo, las inversiones chilenas en Argentina alcanzaron los 17.811 millones de USD, en 2015, superando las inversiones en los otros países fronterizos. No obstante, esta cifra contrasta con los menos de 1.000 millones de USD de inversión argentina en nuestro país. Por tanto, es evidente que existen oportunidades de comercio desaprovechadas, que debiesen ser parte de una estrategia de desarrollo comercial bilateral.

Sin embargo, la agenda bilateral no puede circunscribirse únicamente a la integración económica, pues la integración entre ambas naciones se encuentra muy por debajo de lo que podría ser. De las primeras tareas que debiesen ocupar a nuestros gobiernos respectivos, es la necesidad de mejorar la conectividad entre ambos países, poniendo en marcha un ambicioso plan de infraestructura, que incluya túneles y trenes. Esto, dicho sea de paso, permitiría reactivar la economía regional de ambas naciones.

Por otra parte, Chile y Argentina debiesen avanzar de manera más sustentable en acuerdos energéticos de largo plazo, relativos a la compra y venta de gas y energía eléctrica.

A su vez, el turismo debiese potenciarse, sobre todo en Chile, que carece aún de infraestructura suficiente para abarcar una demanda creciente. Recordemos que Chile recibe ingresos superiores a los 3.500 millones de USD, por concepto de turismo transandino, versus los casi 6.000 millones de USD que recibe Argentina de turistas chilenos. El turismo es sin duda un sector que se podría potenciar, considerando las características geográficas compartidas entre ambos países.

Otro punto sensible tiene que ver con el rol que debiesen cumplir Chile y Argentina, en materia de estabilidad política en la región. La integración debiese ser también política, entendiendo por ello la necesidad de definir lineamientos en materia de defensa, comunes y sustentables a largo plazo, independientemente de los gobiernos de turno.

Recordemos que el Consejo de Defensa Suramericano, creado en 2008, tiene por objeto consolidar a la región como una zona de paz, a la vez que construir una estrategia de defensa común, a nivel regional. Sin duda que se trata de una materia sensible, pero sobre la cual es necesario trabajar, tanto para garantizar el buen entendimiento entre ambas naciones, como para tener la capacidad de enfrentar juntos, catástrofes naturales.

En definitiva, Chile y Argentina tienen, en muchos niveles, fronteras porosas. Son miles los argentinos que viven en Chile y hacen familia en nuestro país, y viceversa. Cómo nunca, la inmigración ha permitido que chilenos y argentinos se conozcan más y mejor y que los procesos de integración se realicen de forma virtuosa.

Por lo mismo, es hora de que los gobiernos asuman la tarea de modernizar los conceptos de integración, para que dejen ser esfuerzos personales o unisectoriales, y pasen a ser políticas reales de Estado. 

Fuente: Letra P

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