[La Segunda] Marco Enríquez-Ominami: “No ser candidato da una libertad fantástica”

Luego de tres derrotas presidenciales, regresó al ruedo en los matinales de televisión. Propone un gabinete de crisis. Y un bloque diverso de oposición para “encarnar el cambio”.

“He sido súper disciplinado con la cuarentena. He salido algunas veces a dejarle algunos remedios a mi madre (Manuela Gumucio) y esta semana a un par de canales de televisión, siempre con los permisos que corresponden”, sostiene Marco Enríquez Ominami, quien apareció la pasada semana en los espacios matinales luego de tres años de silencio. Exparlamentario, en 2009 renunció al PS para correr como candidato presidencial independiente.

Logró el tercer lugar (ante Eduardo Frei y Sebastián Piñera) y el 20% de los votos. Con ese capital, fundó el Partido Progresista (PRO), y en 2013 hizo un nuevo intento por llegar a La Moneda, esta vez frente a Michelle Bachelet y Evelyn Matthei. Y quedó nuevamente en tercer lugar, aunque con el 11% de los sufragios. En 2017, frente a Sebastián Piñera y Alejandro Guillier, la caída fue fuerte y MEO resultó sexto con menos del 5,7% de los votos.

“Después de esa dura derrota, la señal fue clara y me retiré. La misma noche de la segunda vuelta (cuando Piñera superó largamente a Guillier) dije: ‘listo, este país tiene otros deseos, algo hicimos mal en la centro izquierda’ y me automarginé. Guardé un silencio bastante sepulcral, di un par de entrevistas pero fui muy discreto. Además que por mi rol en el grupo de Puebla (que integran grupos de la izquierda latinoamericana) viajo mucho fuera de Chile, más de lo que te imaginas. Hasta que vino el 18 de octubre; el movimiento social se apoderó de la agenda y en eso nos pilló la cuarentena. Soy medio francés, tengo primos y amigos allá; en marzo ellos me contaban que la crisis sanitaria venía mal y empecé a hablarlo en redes sociales; uno de mis videos alcanzó el millón 200 mil visitas. Me impresionó, porque además los medios parecían estar tomando palco. Así que decidí salir del closet por una causa. No es un retorno, es un paréntesis.

Y agrega:

“Lo rico de no ser candidato es que no ando en el cálculo. No estoy buscando votos, no quiero. Eso me da una libertad fantástica”, comenta acomodando el pelo cada vez más cano.

—A lo mejor fue el llamado del ego.

—Nada. Ya cerré mi tema con el reconocimiento, con el éxito y el fracaso. Conozco la medalla de oro, he sido el más popular y el menos. Conozco las dos caras de la moneda y eso me da una ventaja en la vida. En lo familiar he visto de cerca los privilegios y también el horror; la rama de los Enríquez está casi toda muerta, todos asesinados. Entonces, cuando digo que tengo cicatrices no es gratis, tengo golpes en la espalda, todos políticos: tres campañas presidenciales, habiendo sido diputado. Eso te pasa la cuenta. Hay porrazos. Conozco todas las posiciones de la encuesta CEP: el más popular y el más impopular. Dificulto que exista otro político igual a mí.

—Se decía que era un fenómeno.

—Recuerdo un titular de un diario que decía: por qué no cae Meo. Era un objeto de estudio. Me trataban como si fuera un hámster.

— ¿Con alguna intención?

—Hay muchos lobistas disfrazados de analistas. Tienen agendas económicas y han sido muy despectivos conmigo porque afecto sus intereses. Me vincularon con el terrorismo en Perú, con Bolivia, con Argentina. Ahora que he estado en matinales algunos diputados en pantalla me han dicho: “si tú que vives en Argentina”. ¡No he vivido nunca ahí!

— ¿Entonces ahora volvió porque sí, sin ninguna agenda?

—Nada. Soy militante del Partido Progresista, orgulloso. Un animal político y lo he subordinado a mi rol como director. Ahora vengo con tres documentales, en eso he estado estos 3 años; uno de ellos lo vendí a 20 países. Lo financiaron alemanes y franceses. A partir de mis tres derrotas, salí a ver a los líderes de América Latina para preguntarles, ¿es una derrota personal o colectiva? Así estuve con Pepe Mujica, Rafael Correa, Nicolás Maduro, Evo Morales, Dilma Rousseff. La película se estrenó en Londres, París, Buenos Aires, Chile (mayo de 2019). Tuvo gran crítica y una muy buena audiencia. No es porque yo lo diga, pero me fue fantástico.

Ordenándose el pelo, añade:

—Ahora estoy con otro documental sobre el Papa Francisco en colaboración con el Vaticano y otro sobre Venezuela.

— ¿Sigue asesorando a Alberto Fernández?

—No soy su asesor. Yo adoro a Alberto, él ha dicho públicamente que somos íntimos amigos y lo confirmo. Nuestras parejas también, Karen y Fabiola. Alberto no toma nada, no toma alcohol, sólo una bebida gaseosa verde asquerosa que se llama Kem.

— ¿Qué se modificó en usted durante estos años?

—Yo cambié y la elite pensante también se llevó un porrazo y cambió de actitud. Antes cuando era diputado hablaba de reforma tributaria, de terminar con el sistema de AFP. Me mandaban a callar, recibí muchos ninguneos, un tremendo desprecio. Pero hoy los chilenos van a la velocidad del rayo y se requiere andar más rápido.

—Pero se lo pregunto por el ámbito personal. Se ve distinto.

—En lo personal, hoy mi hija Fernanda, a quien conocí a los 8 años, tiene 24 y es politóloga. Manuela tiene 15 años y mide dos metros.

—También lleva encima una investigación judicial por el caso OAS.

—Ha sido duro, injusto, ha primado el doble estándar. El caso de Bachelet y el mío son del mismo año, 2013, pero el de ella prescribió y el mío no. Matthei está sobreseída por utilizar el avión de una minera que no declaró. Pero en mi caso el juicio ni siquiera ha partido (en febrero fue la audiencia de preparación), llevo 6años esperándolo; ha habido lentitud y abuso de algunos fiscales; 6 años es tiempo suficiente ¿no?

La próxima elección

“Como perdedor tengo un derecho: pararle los carros al ganador, que no abuse. Este ha sido un Presidente profundamente incompetente y mezquino”, sostiene. “Chile tiene un baúl de herramientas único en la región: ahorro fiscal, capacidad de endeudamiento público, aún algo de institucionalidad. Pero ha sido un presidente poco empático y sus ministros están disociados de la realidad… Claro que Piñera no está loco ni es tonto: él tiene una agenda que es lógica y que es la misma que la de Joaquín Lavín”.

— ¿A qué se refiere?

—Es un hecho que ambos enfrentarán demandas muy jodidas en lo penal y deberán responder, por ejemplo, ante la irresponsabilidad del llamado a un retorno seguro… Y si a ti se te murió alguien que se contagió en mayo cuando Lavín abrió el Apumanque, ¿quién asume la responsabilidad? Esto también está pasando en Italia, España y Francia. Por lo demás es la misma estrategia que utilizó la derecha contra Michelle Bachelet por su actuación en el tsunami del 27-F. Fue un “pequeño temita” que la tuvo 4 años procesada. Ahí hubo 300 muertos pero aquí ya vamos por los 11 mil. Por eso Lavín y Piñera van del brazo y necesitan ganar la elección; de lo contrario saben que enfrentarán una situación muy difícil.

Toma un poco de aire y declara:

—Entonces lo que veo es que están reservando parte del presupuesto para invertirlo en el 2021. Es sabido que en año electoral aumenta el gasto social, siempre ha sido así. Pero es inmoral demorarse cuando hay un 28% de cesantía, cuando nos enfrentamos a una crisis económica de la que muy probablemente tardaremos diez años en salir. Pero Piñera tiene bloqueadas todas las opciones; si el argumento es no endeudar a Chile o no quieren gastar los ahorros, entonces que bajen los gastos en Defensa y reasignen el presupuesto a Salud. He estado esperando que se proponga una reforma tributaria pero no ha dicho una palabra sobre subir los impuestos. Y eso que estoy corrido al centro, porque mis planteamientos son moderados. En Europa fueron Macron y Merkel los que optaron por una reforma tributaria. Son el FMI, el Banco Mundial, BID los que sugieren endeudamiento público. El subsidio a la demanda lo utilizan Trump y Bolsonaro.

— ¿Cuál es su visión del rol que ha jugado la oposición?

—Convergencia Progresista y el Frente Amplio han estado muy bien. Hemos encarnado una oposición muy lúcida. El oficialismo no está en condiciones de seguir. Por eso doy cuenta de mi propuesta: en Chile el parlamento está mandando, el gobierno ya no controla a sus diputados, hay cohabitación. Yo lo que propongo es un gabinete de crisis. Que salga el gobierno. Los que me acusan de sedicioso que busquen en redes sociales los más de cien videos que hay de Piñera pidiendo que se fuera Bachelet.

Se vuelve a ordenar el pelo y agrega:

—Decidí salir del clóset para proponer un gobierno de transición, de crisis. Por unos meses. No voy a volver a la política. No pretendo ser candidato a nada, ni gobernador, ni constituyente, hagamos todo el check list. Salgo del closet porque lo que hace este gobierno es demasiado cruel, no sólo para los pobres, para la clase media también. “Estoy convencido de que Chile tiene que hacer una fuerza tranquila de cambio y quiero ayudar a eso”, insiste, pero aclara: “Es un desatino hablar de candidatos presidenciales. Yo, que fui el candidato de la ruptura, espero que quienes crean que pueden lograr un tercer lugar, algún posicionamiento político, no cometan el mismo error que yo. Si bien defiendo lo que hice, asumo que cometí errores cuando voté por Frei, mal y tarde; mis explicaciones no justifican el error, pero hoy con 11 mil muertos y una crisis económica de esta envergadura se necesita unidad. Puedo ayudar en eso. Tengo credibilidad ante la oposición, la centro izquierda para aportar a la unidad. Sería un error radicalizarse. El país quiere un cambio y es muy difícil que un colaborador de Piñera y de la UDI lo encarne.

— ¿Quién podría encarnarlo?

—No es el momento aún. Esta es una crisis mayúscula. Mi aporte humildemente con mi partido, como director de cine y TV, es empujar los límites de lo posible. Vamos ganando, con condiciones de sobra para cambiar Chile tranquila y responsablemente en 2021.

— ¿Es optimista sobre el futuro de la izquierda?

—Lo veo súper bien. Vienen reuniones importantes en la oposición y tienen que ampliarse hacia aquellos que aparecieron como una voz de las protestas de octubre, reunirnos con los dirigentes sociales. Reconozco que no es fácil porque los movimientos sociales no tienen una institucionalidad. Hay que pensar con audacia.

—En concreto, ¿qué propone como socios de un bloque opositor?

—Veo opciones: la Mesa Social, que conecta con la realidad, pero odia a los partidos cuando sin estos cualquier cambio es impensable. Luego está Convergencia Progresista, el Frente Amplio y Chile Digno, que a estas alturas somos 10 partidos, con una parte del FA, los Verdes Regionalistas, el PC y el Partido Progresista (PRO). Según algunos analistas representamos cerca del 19% del electorado hoy. De hecho nuestro diagnóstico fue el correcto y el proyecto de ley del 10% de retiro de los fondos previsionales es nuestro. En esta fórmula debiéramos pensar en sumar a la Concertación. Han cometido errores, pero no es el momento de apuntar con el dedo sino de avanzar y voy a ayudar a que esto suceda.

Fuente: La Segunda

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