El discurso de Marco Enríquez-Ominami a los candidatos del partido Progresista de Chile: “Si estamos aquí es porque siempre quisimos primarias”

El fundador de la colectividad y excandidato presidencial, se reunió de manera remota, con los casi 400 candidatos que representarán al partido en las elecciones del próximo 11 de abril, instancia en la que los invitó a luchar por un cambio y a mirar “a Chile a los ojos, mirando la desigualdad y la pobreza”. “Eso lo merece este pueblo que se puso de pie”, insistió.

Bienvenidos a este esfuerzo colectivo en que cada uno va a poner su nombre y su apellido en un papel, para llenar ese apellido de contenido, de dignidad y de honra para que voten por ustedes.

Por fin en el progresismo, por el que siempre hemos luchado por la paridad, por los derechos sexuales y reproductivos, sin letra chica, hoy podemos firmemente confirmar que hemos mejorado, que esta pequeña casa desordenada que es el PRO, hoy lleva -ni más ni menos- a 80% de mujeres entre los candidatos a la Constituyente.

Si estamos aquí, es porque siempre quisimos primarias.

En 2010 fundamos este partido porque rompimos con una coalición que no quería primarias. Y porque honramos las primarias, es que tuvimos que decirle que no era posible para nosotros, entrar a lo que se llama –vulgarmente- a “la cocina”. Queríamos que la gente decidiera. Y sabíamos, también, que ir a primarias significaba sacrificar. Y el partido Progresista estuvo dispuesto a los sacrificios, no se hizo la pregunta de cuánto iba a ganar en 2021, nos hicimos la pregunta de cuánto estábamos dispuesto a perder a para que ganen los que necesitan ganar hoy.

Esa es la pregunta que nos respondimos, una distinta a la de otros momentos. En 2009 dijimos ruptura con la Concertación; en 2013 dijimos ¡identidad Bachelet! La Constituyente era importante, ella no quería y lo logramos; en 2017 dijimos no a Piñera; y hoy estamos diciendo unidad. En esos cuatro momentos –que son los momentos de un país- hoy honrosos y alegres, tenemos decenas y decenas de hombres y mujeres libres de Arica a Punta Arenas.

Gracias por competir.

¿El desafío? La pobreza en América Latina aumentó con la pandemia y venía mal desde 2014, cuando toman el poder, los gobiernos de derecha, de la mano de la clase media que vota por ellos en casi todos los países del continente.

Lo que no sabemos hacer bien en América Latina y el Caribe, es luchar contra desigualdad.  ¿Por qué uno es capaz de derrotar la pobreza y no la desigualdad? Algunos estudios dicen que, en realidad, primero se derrota la pobreza y luego la desigualdad.

No. Porque con el gasto social, puedes actuar en la realidad actual y puedes sacar a gente de la pobreza, pero la desigualdad requiere -no solamente la acción pública- requiere la acción política, porque la desigualdad es el negocio de unos pocos que controlan los bancos, los medios de comunicación, los laboratorios, las farmacias, la energía, los supermercados y todo en Chile. Donde ustedes vayan, se trata de siete familias. No superan las 2 mil familias en Chile los que gobiernan a 19 millones de personas. Entonces, la desigualdad es el drama.

Ingenuo no soy, sé perfectamente que los aliados hoy, con los que camino, me quisieron meter preso, pero no me importa porque no se trata de mí, se trata que hoy aumentaron los campamentos; más de 2 mil niños están en el Sename sin sus padres; y hay 80 mil desertores escolares.  Esa es la batalla, lo demás -y en eso que se ahoguen algunos egocéntricos de otras fuerzas políticas que no quiero nombrar porque necesitamos la unidad- que se ahoguen en su odio tirando barro para todos lados.

Lo único que sé es que quiero un cambio en 2022 y que la Constituyente, quienes la redacten de nuestros candidatos, hagan de esta Constitución un espacio, no solamente de más derechos, sino de más derechos exigibles. Porque no sirve de nada tener una Constitución con un catálogo de derechos que no son cobrables. Brasil tiene una mejor Constitución que la chilena, y tiene a un salvaje gobernando.

Entonces, necesitamos hacer las dos cosas: no solamente acción pública, sino acción política. Y me gusta que hoy los independientes que apoyamos, sepan que ellos no son independientes como sueña la prensa chilena, porque Pinochet era independiente también. La independencia, técnicamente, no significa nada, simplemente es un término del Servel. Aquí somos todos militantes de causas, otra cosa es que militemos o no en un partido. Sí somos autónomos del Poder Económico, autónomos de las malas prácticas, pero militamos, y por eso estoy tan contento de apoyar con fuerza y sumarme a este esfuerzo.

El desafío será en la Constituyente, en los municipios. Nos devoró la economía. En Chile nos enseñaron que lo importante era la economía y no el derecho a vivir, a la salud, a la educación. La economía es una esclava del derecho y no al revés, y lo que hemos tenido en el medioambiente, en las regiones, es que la economía gobierna.

Hoy el problema es la política.

Sí, hay cuatro elecciones. La pregunta es cambio o continuidad. ¿Somos nosotros el cambio o somos la continuidad de este gobierno? Somos el cambio y por tanto, debemos ganar.

Pero ahora viene lo difícil, una pandemia que no está controlada y está lejos de eso, viene una vacuna que está lejos de llegar masivamente a Chile, viene además un Gobierno que no se interesa de las elecciones y que le conviene que haya cuarentena en marzo para que no haya campañas. Viene, lamentablemente, una campaña presidencial que nada tiene que hacer en esta fiesta electoral. Los candidatos presidenciales no debieran expresarse como se expresan hoy.

¿Un cambio progresista? Sí, los que amamos la ciencia, los derechos de las mujeres, los animalistas, los que entendemos el tema de las minorías, esos somos nosotros.  Pero también hay sueños democratacristianos que no son los míos, pero los debo entender porque los necesito para derrotar a la derecha. También hay sueños comunistas que no son los nuestros, somos progresistas no comunistas, pero también tenemos que entender esos sueños. A diferencia de ellos, seamos generosos, audaces, abracemos. Y a partir de ahora, aunque parezca muy difícil mirarse a los ojos, porque la pesadilla de estas tecnologías disruptivas, que nos ayudan y nos envenenan, nos permite conectarnos y comunicarnos, pero no mirarnos.

Y mirar a Chile significa amar a este país de la mejor manera, y el amor se expresa de distintas formas. Lo haremos, entonces, en dos dimensiones, y en algún momento nos abrazaremos los 400, pero tenemos que hacerlo mirando a Chile a los ojos, mirando la desigualdad y la pobreza.  Eso lo merece este pueblo que se puso de pie, que -a mi juicio- se está anestesiando nuevamente por el hambre, el desempleo y el miedo, y esta tarea de las y los candidatos, es reenergizar a este país con humildad y acompañando al movimiento social.

Gracias y venceremos.