La situación es muy compleja, pues en este 2015 el automóvil ya debe transportar a más personas que todo el sistema de transporte público, ello implica que Santiago va caminando a un caos vial de gran magnitud. Estas cifras son una muestra más de que la apuesta en materia de transporte urbano de los últimos 20 años ha fracasado rotundamente.

Esta semana se entregó a la opinión pública la Encuesta Origen Destino 2012, que corresponde al Censo del transporte de Santiago. Los datos entregados por este estudio son muy valiosos y revelan la realidad de los patrones de movilidad de Santiago. La encuesta dice algo ya sabido pero ahora ratificado: La demanda del transporte público de Santiago va en caída libre y el automóvil casi supera por primera vez a los buses y metro como modo de transporte. En efecto, si se excluyen los modos no mecanizados (caminata y bicicleta), el automóvil mueve al 49% y el transporte público al 51% de los usuarios, en circunstancias que el año 2001 estas cifras eran 43% / 57% y en 1991 78,2% / 21,8%, es decir en los últimos 20 años el transporte público ha perdido un 27,2% de la demanda de viajes en Santiago, a una tasa promedio de -1,3% anual.

La situación es muy compleja, pues en este 2015 el automóvil ya debe transportar a más personas que todo el sistema de transporte público, ello implica que Santiago va caminando a un caos vial de gran magnitud. Estas cifras son una muestra más de que la apuesta en materia de transporte urbano de los últimos 20 años ha fracasado rotundamente. En este periodo el Estado ha invertido en la construcción de autopistas urbanas y la creación del Transantiago, ello ha generado incentivos al uso del automóvil y un desmejoramiento del transporte público, con un sistema de buses de mala calidad y un Metro víctima del mal funcionamiento de los buses que ha duplicado su demanda siendo desbordado. Así no es casualidad que en la última encuesta CEP el ministro peor evaluado haya sido el de Transporte, claramente en este ámbito las cosas se han hecho mal.

Las autopistas urbanas no son una solución a la congestión ni aportan a una mejor ciudad, su inversión es altísima, hipoteca por 35 años a los usuarios a pagar un peaje por un servicio que al quinto año ya está colapsado y con tacos. Por otra parte el Transantiago presenta serios problemas de calidad y seguridad, cada día requiere más subsidio y Metro recibe a todos quienes no desean abordar un bus, así las cosas cualquier falla en Metro paraliza Santiago y se ha estresado a este modo.

Chile y Santiago requieren un nuevo enfoque en materia de transporte, que en primer lugar fije una Política Nacional de Transporte (PNT), estableciendo como eje estructurante de la movilidad urbana al transporte público y excluya la construcción de nuevas y caras infraestructuras para el automóvil, pues el vehículo privado es parte del problema y no la solución. Por otra parte se requiere crear una institucionalidad que ejecute y gestione la PNT, una Autoridad Metropolitana de Transporte, quien debe hacerse cargo del Transantiago pues este debe estatizar su operación y reestructurar el actual modelo fracasado de gestión privada. Las medidas de prioridad al transporte público deben implementarse a la brevedad, carriles bus, vías exclusivas, programación semafórica y zonas pagas en paraderos son una necesidad del sistema. Por último se deben incorporar nuevos modos de transporte como el tranvía, para densificar la oferta de transporte público sin dejar de construir nuevas líneas de metro.

El sistema de transporte está en crisis y va a un abismo profundo, sí no se interviene y reestructura al transporte público situándolo como eje de la solución y eliminando a nuevas autopistas, Santiago será una ciudad congestionada e invivible.

Por: Álvaro Miranda y Marco Enríquez Ominami

Fuente: The Clinic

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